La miel de ágave se obtiene a partir del cáctus de ágave azul, la misma planta desde donde, por ejemplo, se elabora el tequila. Se caracteriza por ser una planta con un gran contenido de fructooligosacáridos (FOS).
Los FOS son muy valorados, ya que estimulan el crecimiento de la flora intestinal, son reducidos en calorías, inhiben el crecimiento de bacterias patógenas, son tolerados sin problemas por diabéticos (y además ayudan a regular niveles de insulina), no forman caries y disminuyen los niveles de colesterol y triglicéridos, entre otras cuestiones.
En este caso, la miel de ágave se destaca por tener el doble poder endulzante que el azúcar convencional, con lo cual se requiere mucho menos de uso para la cantidad que se desea endulzar. Su composición, se estima, es de un 90 por ciento de fructosa, con un muy bajo nivel de glucosa.