El trabajo sostiene que la liberación y el reencauzamiento de las emociones reprimidas en las personas que sufren de la adicción a las drogas, a través de terapias psicológicas y medidas de autoayuda, permitiría liberar ciertas toxinas que se acumulan en las regiones del cerebro que controlan actividades específicas, y que están relacionadas con las conductas adictivas.
Por otro lado, la génesis del problema estaría en la depresión que provoca la represión de emociones, algo a lo que estamos acostumbrados desde la infancia. Esa depresión, que desemboca en angustia, crearía las condiciones necesarias para la drogadicción, manifestándose a nivel psicológico y biológico, en procesos comprobados científicamente.
En consecuencia, la liberación de emociones que supone la actividad de los grupos de autoayuda sería un factor importantísimo para la recuperación de la persona.
Reconocer el problema y actuar
De acuerdo al trabajo científico citado, para incrementar y agilizar los procesos de recuperación, es necesario reconocer los síntomas nerviosos excitativos o nocivos. Lo principal es no ocultar estas manifestaciones, sino sentirlas intensamente, liberarlas y redirigirlas positivamente.
Es preferible, de acuerdo a las conclusiones de Van Winkle, golpear un mueble o gritar ante una situación de angustia que reprimir esa actitud, algo que desembocará en una profunda sensación de vacío. Este vacío, combinado con otras condiciones, puede llevar a la persona al oscuro laberinto de la droga.