El tabú impide que tal situación salga a la luz, lo que constituye el principal obstáculo, para que tanto las mujeres golpeadoras como los hombres víctimas del maltrato femenino, puedan ser ayudados para romper el círculo de agresión, que entrañan estas relaciones enfermas. A los hombres golpeados les cuesta admitir el maltrato y mucho más aún, denunciarlo, ya que lo ven como algo que puede afectar a su hombría.
Por otra parte, para el hombre es mucho más difícil pedir ayuda, ya sea por vergüenza o por falso orgullo y cuando finalmente se decide a hacerlo, puede que no encuentre los grupos de autoayuda necesarios para la superación de su problema. Al igual que la mujer golpeada, puede experimentar serios trastornos en su autoestima, que sólo contribuyen a prolongar indefinidamente, esa situación de humillación y menoscabo.
El acostumbramiento a las circunstancias, guarda mucha relación, precisamente, con la pérdida de la autoestima, que, en definitiva, las mismas circunstancias, se encargan de perpetuar. Algunos hombres terminan destruídos física y psicológicamente, como consecuencia del maltrato y los golpes a que son sometidos por sus parejas. En otros casos, por no pedir ayuda a tiempo, pueden reaccionar de la peor manera, llegando incluso a matar a la agresora.
El cambio de roles de la sociedad moderna ha propiciado un aumento en el nivel de agresividad de algunas mujeres, sometidas a mayores tensiones y estrés, que no logran canalizar de manera apropiada. Por otra parte, en la actualidad, existe en determinados contextos, una valorización de la violencia femenina, que se confunde con fortaleza, cuando en realidad una persona violenta es justamente todo lo contrario. En general, se trata de mujeres muy inseguras que temen ser abandonadas.
Los hombres golpeados físicamente se exponen a ser ridiculizados y puestos en duda. Se sienten culpables y sienten que han perdido su estatus de hombre. Al mismo tiempo, es mucho más difícil, que encuentren la contención necesaria de los centros de autoayuda, ya que estos no abundan, como en el caso de las mujeres golpeadas.