Trabajar para mejorar la autoestima es quizás, el único modo de evitar la violencia conyugal, que lleva a hombres y mujeres a reincidir en el establecimiento de relaciones violentas, en las que ambos son víctimas de la desvalorización y el menoscabo. Los celos y las escenas, que a menudo aparecen como desencadenante de la agresión verbal y de los golpes, no son más que signos de la inseguridad y de la falta de autoaceptación y valoración de sí mismos.
De tal modo, las causas de estos episodios de violencia doméstica hay que buscarlas en la baja autoestima, tanto del agresor como de quien acepta la agresión. Por otra parte, las consecuencias de los mismos, tras los sentimientos de culpa, dolor y arrepentimiento, arrastran una pérdida aún mayor de la autoestima.
Es fundamental entender que la violencia no es signo de fortaleza sino por el contrario de debilidad extrema y que tanto el violento, como el que sufre el abuso, violencia y maltrato, son víctimas de una baja autoestima, que les impide relacionarse de forma sana. Buscar ayuda y asistencia psicológica es la mejor forma de poner fin a los golpes y superar esta situación, que en casos extremos, puede llegar a poner en riesgo la vida propia y ajena.