El movimiento en sí mismo es liberador de tensiones; así mismo, es una forma de autoafirmación de la personalidad.
Es recomendable, por tanto, concentrarse en actividades como Yoga o Tai Chi en donde el prestar atención a pequeños detalles se hace prioritario.
Fisiológicamente, el ejercicio produce endorfinas, sustancias asociadas a la sensación de placer y bienestar.
Así mismo, las actividades de baja intensidad como las aeróbicas, disminuyen la tensión arterial y la acidez sanguínea, promoviendo la recuperación muscular.
El que padece ansiedad tiene un problema de control, por tanto, es recomendable que acuda a actividades en donde se ponga en juego la improvisación y la creatividad como el baile o las terapias corporales.
La ansiedad también está asociada a conflictos internos por intereses opuestos, lo que produce tensión muscular. El trabajo corporal de escuelas como las de Feldenkrais, Eutonía, y hasta el Método Pilates ayudan a mejorar la conciencia corporal, por lo que afecta positivamente a la actitud mental hacia cualquier situación.
El movimiento es una conducta, por tanto es inseparable el aspecto mental del físico, por eso toda acción motora es un acto de pensamiento. El ejercicio físico puede, de esa forma, modificar conductas a través del trabajo del cuerpo.