Al servirla, forma una interesante corona de espuma, compacta y con algo de coloración. Se observa su tono ámbar y ya comienza a despedir tupidos aromas de la malta, con toques dulzones y eminentemente frutados, más algo de alcohol que se deja entrever. Nada extraño, ya que su graduación alcohólica es de 7,9 grados, no apta para espíritus sensibles.
Cuando la cerveza llega al paladar, todos esos sabores se realzan y se potencian. El amargor, tal cual en esta clase de cervezas, no es lo principal y permanece un poco sobre el final. Los toques dulces de las maltas y esa característica levemente frutada vuelve a hacerse presente de manera intensa. ¿Lo mejor? El alcohol no se siente como debería sentirse, síntoma de buena integración.
En definitiva, la Paulaner Salvator es una más que interesante cerveza. Casi podría decirse que de cita obligatoria para todos aquellos que quieran probar una buena doppelbock.
Puntuación: 8/10