Cuando uno sirve una botella de Hoegaarden rápidamente se encuentra con uno de los buenos síntomas digno de una cerveza de trigo. Apariencia dorada y turbia a la vez, espuma compacta, abundante y duradera con forma de merengue, aroma en donde se deja sentir la acidez del trigo, pero también ciertos matices cítricos y, por supuesto, las levaduras y sus tintes a plátano y clavo de olor... Todo marcha a la perfección.
Al llevarla a la boca, muchas de las cosas que se intuían al observarla y olerla, vuelven a repetirse. Ese frutado suave, esa acidez, el dulzor con un amargor tenue sobre el final, la suavidad de los 4,9 grados de alcohol. En definitivas cuentas, una cerveza perfecta para calmar la sed en verano y refrescar, sin resignar sabor y las características que una buena cerveza de trigo debe tener.
Puntuación: 8/10
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