Esa decisión se ve condicionada por el nivel de acondicionamiento físico, esto es si en ese momento siente fatiga o no, el nivel de velocidad para realizar el gesto, y la experiencia adquirida en resolver acciones similares.
Con esto quiero significar que el nivel de preparación física a un deportista le da confianza y seguridad en sí mismo para afrontar con éxito las situaciones cambiantes del juego y lograr la meta final: ganar.
Un ejecutivo también se enfrenta a situaciones cambiantes del mundo del trabajo, las finanzas y lo comercial, por eso debe estar preparado para asimilar todo tipo de presiones.
Aquí es donde empieza a tomar un papel distinto la actividad física, excediendo el conocido aspecto de promotor de la salud.
El ejercicio puede utilizarse con un fin distinto como adoptar capacidades coordinativas, a través de movimientos de complejidad creciente, para estimular las capacidades cognitivas del cerebro.
O los ejercicios de percepción del propio cuerpo, que permiten la exploración interior, con el descubrimiento de capacidades ocultas que salen a la luz.
También el mero acto de comenzar un programa de fuerza muscular, hace que te sientas confiado y afirmado en ti mismo. Condición que luego podrás aprovechar en toma de decisiones o para afrontar situaciones complejas donde el estrés y por consiguiente el impacto en el cuerpo, pueden ser muy grandes.