Fisiológicamente:
- Aumenta la eficiencia respiratoria.
- Relaja la musculatura en general y los músculos del tórax en particular.
- Reestablece el tono de base adecuado.
- Respiración abdominal clásica:
Consiste en inspirar hasta llevar el aire hasta por lo menos tres dedos por debajo del ombligo, expandiendo el estómago como un globo, y luego expulsar el aire lentamente mientras se encoje nuevamente el abdomen. Intenta que la espiración sea más larga que la toma de aire.
- Respiración abdominal invertida:
Igual que la respiración anterior sólo que cuando inspiras encojes el abdomen, y cuando espiras lo expandes.
- Colócate de espaldas en el suelo o la cama, pon un libro en el espacio que queda entre el ombligo y el pubis, inspira y expira intentando que el libro suba y baje al ritmo de la respiración.
- De pie, piernas juntas, coloca una mano sobre la otra aproximadamente tres dedos por debajo del ombligo, espalda y hombros relajados, espalda recta pero sin tensionarla para mantenerla derecha; inspira y espira sintiendo con las manos como se mueven al ritmo propuesto.
- De pie, piernas separadas el ancho de caderas, inspira elevando los brazos al frente con las palmas hacia abajo, exhala volviendo a la posición inicial; cuando vuelves, realiza una pequeñísima flexión de rodillas, que sea apenas imperceptible, como si fuera un movimiento muy sutil de amortiguación.
- Sigue de pie, realiza círculos hacia afuera con los brazos en forma alternada, las palmas deben estar mirando hacia a tí; inspira completando un círculo con un brazo, espira realizando el movimiento con el otro brazo. El movimiento debe ser continuo, lento y controlado.