Este es un proceso que se empezó a incorporar a partir del siglo XVIII para extender la duración y la calidad de los vinos más allá del año de su cosecha. Por eso mismo, las barricas empezaron a tomar un lugar clave para dicho fin. Así se conseguían vinos con mejores aromas, colores elegantes y mucha delicadeza en su resultado final.
Uno de los puntos más importantes es la elección de la barrica, que tiene que ser de mucha calidad. La madera ha de ser roble y su procedencia preferentemente francesa, americana o española. La crianza en barrica implica, debido a la permeabilidad de ésta al oxígeno, una cierta evolución oxidativa en el vino. Es importante señalar que la porosidad de la madera va dosificando el oxígeno al vino, produciéndose una serie de oxidaciones en cadena en algunos componentes del vino, lo que a su vez, provoca cambios químicos en otros.
Con esta crianza oxidativa lo que se busca es la prolongación de la vida del vino y la preservación de sus cualidades. Asío se previenen las posibles alteraciones que pueda sufrir a lo largo del tiempo. Luego, los vinos se someten a una segunda crianza. Pero eso se da directamente en la botella hasta que arriba al consumidor. Es lo que se conoce comunmente como envejecimiento.