El punto de partida de la litoterapia es emplear piedras y cristales con el fin de lograr equilibrio y armonía en el organismo, algo así como una "redistribución" de la energía. Así es como la energía natural de las piedras minerales se trasmiten por todo el cuerpo, aunque siempre se hace hincapié en el órgano o zona afectada, para liberar su magnetismo.
Cada mineral o piedra específica tiene sus características y, además, su composición distintiva que la hace especial para una u otra cosa. La litoterapia, además, combina algunas técnicas que proceden de la reflexología. Usualmente, las piedras se calientan hasta los 35 grados de temperatura y se colocan sobre puntos psicobiogeneradores de nuestro cuerpo, tales como el coxis, la frente, zona cervical y dorsal de la espalda y glándulas suprarrenales.
Si bien puede emplearse para diversos problemas, usualmente se utiliza para combatir el estrés, los dolores de espalda, las hernias discales y también las sobrecargas musculares.