Entre los aspectos motores:
El niño desarrolla su fuerza, equilibrio, resistencia, flexibilidad, velocidad, coordinación, además de las habilidades propias del ciclismo como:
- Equilibrio: utilizar correctamente los puntos de apoyo sobre la bicicleta.
- Propulsión: cuando acelerar, cuando frenar, cuando pedalear...
- Conducción: como dominar la bicicleta para manejarla y dirigirla.
Cuando el ciclismo se realiza en ambientes diversos, donde se deben superar diversos obstáculos naturales como pendientes, distintas texturas del suelo, etc., y aún en circuitos cíclicos y repetitivos, el aspecto decisional toma importancia al tener que adaptar el niño sus patrones motores a los diferentes entornos. Esta puesta en juego de la toma de decisiones favorece el desarrollo intelectual del niño.
Aspectos socio-afectivos:
El respeto, la solidaridad, la empatía, la tolerancia, el esfuerzo y muchos otros más, son valores que se hacen presente en el deporte y por supuesto también en el ciclismo, preparando al niño a enfrentarse a situaciones de la vida real con mayor seguridad y confianza.
Además de los ámbitos mencionados, no es redundante recordar que el ciclismo, como cualquier otro deporte, hace su aporte a la salud de la gente, promocionándola e introduciendo hábitos de vida que podrán ser continuados en la etapa adulta.