El mercado brasileño del siglo XIX, allá por 1830, estaba atravesando una serie de altibajos que ponían en jaque cualquier estabilidad. Hasta que los empresarios de aquel país decidieron que podían dejar de lado un poco la explotación de oro y centrarse en el café, que hasta aquel entonces estaba destinado al consumo local.
Esto se dio conjuntamente con un importante desarrollo de los ferrocarriles y el crecimiento de algunos núcleos urbanos. Pero también al clima más que propicio de aquel territorio para que el café crezca a pasos agigantados. Otro de los factores clave en el desarrollo del café como elemento económico de singular importancia en Brasil fue la creciente inmigración: así, con la necesidad de mano de obra, todo se dio en concordancia.
Para fines del siglo XIX, el café representaba en Brasil el 63 por ciento de las exportaciones, lo que permitió un desarrollo económico mucho más sustentable para el país sudamericano.