Esta celebración evoca el medievo y la convivencia de tres religiones y culturas diferentes: la cristiana, la musulmana y la judía. En la gran extensión de 3.000 metros cuadrados en la que se desarrolla, se puede disfrutar de pasacalles, malabares, saltimbanquis, equilibristas, músicos, lucha a espada, juglares y pregoneros, en medio de una excelente ambientación de época.
Los artesanos que participan del mercadillo, desarrollan sus actividades a la vista del público, al tiempo que exponen y comercializan sus productos, tal como se hacía en la edad media. Es posible encontrar cerámica, orfebrería, juguetes de madera, vestidos árabes, chocolatería, herboristería, miniaturas medievales, ungüentos, calzado, cosmética natural, pan de higo, tatuajes de henna, dulces argelinos y muchos productos más, de elaboración artesanal.
Además, los visitantes pueden participar de alguno de los talleres de oficios antiguos que hoy han desaparecido o están casi extinguidos, como los de cerámica y barro o el de acuñación de monedas y admirar la realización de artesanías en madera y de instrumentos musicales en el rincón del luthier.
La animación se completa con la recreación de momentos del medievo, duelos de honor, autos de fe, escarmientos públicos en el potro de tortura, exhibiciones de tiro con arco, representaciones teatrales, exposición y espectáculos de cetrería y de armas.