Internada en el hospital, se dedicó con gran entusiasmo, a realizar, una tras otra, grullas de papel. Según la tradición japonesa, si alcanzaba a crear mil, se cumpliría su deseo y mejoraría de su enfermedad.
Murió en octubre de 1955, después de haber plegado 644 grullas de papel. Simbólicamente, sus amigos continuaron su misión y completaron las mil grullas, con la esperanza de que se evitaran las guerras en el futuro y construyeron en el Parque de la Paz de Hiroshima, un monumento a Sadako y sus grullas.
Cada año, para el 6 de agosto, Día de la Paz, llegan miles de grullas de papel a Hiroshima, desde los puntos más alejados del planeta. Los niños de la ciudad cuelgan las grullas en el monumento de Sadako, con la esperanza de transmitir este mensaje a todo el mundo.