Lo ideal para consumir las lechugas es hacerlas crudas. Así es, como se aprovechan al máximo, todas sus buenas cualidades. La mejor manera es hacer una buena ensalada a tu gusto. La lechuga combina bien con todo, así que no será un gran problema: allí estarán el tomate, la zanahoria o la cebolla haciéndole compañía.
Los cogollos más duros y crujientes de la lechuga van de maravillas con quesos, aliños más fuertes como vinagretas y también con anchoas. Ni hablar como guarnición de carnes asadas en general. Lo cierto es que es tan versátil, que siempre puedes combinarla con lo que te apetezca. De tu imaginación depende.