En realidad, se dice de diferentes formas: ashé, en la santería Yoruba, aché, en la santería afrocubana y ashe en portugués. En cualquier caso, significa un don de virtud concedido, todo lo bueno, en cierto modo es poder, suerte, energía, fuerza, como naturaleza que subyace a toda existencia humana y la posibilidad de materializarla en la realidad concreta, a través del logro de nuestros deseos.
De lo dicho se desprende que no importa cuales sean los ingredientes o procedimientos de un determinado rito o hechizo, sino que su eficacia reside en el ejecutante del mismo, o sea en tí, concebido no como maestro de magia, sino como aprendiz de brujo.
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