Lo cierto es que los tipos de tés más tradicionales no se ven afectados en absoluto, por el hecho de ser mezclados, ya sea entre sí, como con otros tipos de infusiones que no son tés (aunque se los llame así, ya que no provienen de la Camellia Sinensis). Por eso, puedes jugar libremente a experimentar sabores, ya que no perderán sus propiedades.
Por ejemplo, la suavidad y el carácter netamente herbal que tiene el té verde puede llegar a ir de maravillas con un poco de menta, conformando el tradicional té moruno. El té rojo, por ejemplo, puede ser mezclado con alguna hierba más vigorosa o hasta incluso, con un poco de jengibre rallado.
De todos modos, los puristas del té dirán algo en lo que, quizás, tienen razón: ¿Mezclarías vino tinto con blanco o cerveza rubia y negra? Lo más probable es que no. Pero al tratarse de hierbas, agua y matices mucho más combinables, todo queda librado a tu intuición y carácter experimental. Sólo tienes que intentarlo.