- taquicardia,
- sudoración,
- temblores,
- sensación de falta de aire.
Las personas desarrollamos mecanismos de defensa que nos protegen de la angustia, pero que no siempre son eficaces. Al fracasar estos mecanismos defensivos aflora la angustia.
Los niveles de angustia pueden ser varios, desde los menores hasta los más elevados montos de angustia, que terminan acompañando alguna enfermedad psicológica si se mantiene en el tiempo.
Los ataques de pánico son un ejemplo donde puede verse un elevado monto de angustia en un sujeto causado por un objeto desconocido. En estos casos, las personas comienzan a sentir un malestar físico con aceleramiento cardíaco, sudoración y hasta posibles desmayos.
Las causas de la angustia pueden ser diversas y van a depender de la particularidad de cada persona. Sin embargo, se la vincula a:
- la conformación psíquica de la persona a lo largo de su desarrollo evolutivo
- momentos desencadenantes e importantes de la vida del sujeto.
Es por ello que para realizar un tratamiento para la angustia se aborda una terapia de tipo psicoanalítica que intentará conocer con el sujeto, las condiciones de producción de la angustia. Además, pueden implementarse terapias farmacológicas que acompañen otros abordajes terapéuticos y calmen el sufrimiento psíquico del sujeto de ser necesario. Existen también guías de autoayuda para calmar la angustia.