Su coloración es bien opaca, de un negro penetrante que no muchas variedades consiguen lograr. Su sabor también es robusto y, la fuerte presencia de las maltas, le confiere un dejo a frutas oscuras, a chocolate y también a café. Es ideal para aquellos que gustan de cervezas con presencia, lejos de la timidez.
Su historia se remonta a los años dorados de la cervecería inglesa, cuando aquel país dominaba las recetas y se encargaba de la distribución por el mundo. Tal es así que esta cerveza se concibe para poder ser exportada a la corte de los zares rusos. De ahí que también se la conoce como Russian Imperial Stout. Esta cerveza podía llegar a Rusia totalmente a salvo, debido a su alta graduación alcohólica y también a ser persistente contra los climas fríos.