Si bien lo más común es comerlas cocidas, también puedes hacerlas crudas. Lo más normal es rallarlas, ya que de otra manera serán un tanto duras. Una vez que ya las has rallado, solo tienes que recurrir a un buen aderezo, como ser aceite de oliva, limón o unos dientes de ajo.
También puedes, como hemos dicho, comerlas cocidas. Así también puedes preparar una buena ensalada con ellas, con huevos cocidos y otros vegetales, como ser tomates. También puedes hacer puré, usarlas para gazpachos, hacer sopas o también asadas.