Lo mejor es comenzar eliminando las hojas externas. Corta luego el repollo al medio y elimina la parte central, donde se encuentran concentradas sus durezas. Lo mismo si ves zonas amarillentas, ya que son las más amargas y picantes. Luego debes lavarlo y trozarlo de acuerdo a la preparación que vayas a efectuar, dejándolo en remojo durante algunos breves minutos con agua y un poco de sal.
Una de las técnicas más recomendables, dada la capacidad de conservación de sus propiedades es al vapor. Pero también puedes comerlo crudo, en ensalada. Debes escoger las hojas más tiernas y condimentarlo un rato antes de consumirlo, con aceite y vinagre para que vaya ablandándose.
Si vas a consumirlo cocido, lo más indicado es comer el repollo "al dente". Si lo cocinas demasiado, es probable que se formen olores desagradables (el repollo es de la familia de las coles y tiene un alto contenido de azúfre), también perderá color y valores nutritivos.