La escarola, al igual que la gran mayoría de verduras de hojas verdes, no tiene un tiempo de vida garantizado y se marchita con facilidad. Por eso mismo, escógelas bien frescas y consúmelas lo más rápido posible para aprovecharlas en todo su esplendor.
Lo mejor que puedes hacer es guardar las escarolas en el refrigerador, en una bolsa plástica agujereada. Recuerda no lavarlas, ya que esto facilitará que sus hojas de pongan marchitas con mayor rápidez.