En el siglo XVII se dieron muchos de los más importantes hallazgos en materia de vinos. Por ejemplo, ni más ni menos, se empezó a emplear el método de embotellados y de corchos, todo gracias a la obra de Dom Pierre Pérignon, el padre del Champagne.
Otra de las cosas que se descubrió, pero por accidente, durante ese siglo fueron los vinos dulces o bouquet. Resulta que las vides ya llegaban fermentadas por accidente a los centros de producción, afectando invariablemente la producción final. Pero con otra buena variante.
De todos modos, para aquel entonces la calidad no era óptima. Los productores de Madeira, Jeréz u Oporto se veían obligados a añadir brandy a sus elaboraciones y sólo el vino francés de las cercanías de Paris alcanzaba cotas de calidad. Pero para 1863 llegó lo peor, algo que puso en jaque a la producción de vinos por largo tiempo: el piojo Phylloxera.
Este ácaro que atacaba las raíces de las plantas, dejó al borde de la ruina a muchos productores franceses de suma importancia. Los de Canarias y Madeira, por ejemplo, perdieron toda su cosecha. Pero, afortunadamente llegó la solución. Unas plantas de uva llegadas desde California pudieron paliar ese mal y el vino encaró su etapa productiva hasta la actualidad de forma mucho más normal.