En aquel entonces, el consumo se destinaba particularmente a las poblaciones locales y también para la misa. A partir de ese hecho, el vino se convirtió en algo de especial cuidado para los monjes y también para los monarcas devotos a la iglesia. Gracias a ellos, la calidad de los vinos fue refinándose cada vez más.
De todos modos, las mayores plantaciones de la etapa media de la producción de vinos, previo al descubrimiento de avances tecnológicos importantes, fueron obra y gracia de Carlomagno, en el siglo XII. Aun así, las mayores plantaciones que pudieron sobrevivir fueron aquellas que se encontraban cerca de ríos importantes, tal el caso del Garonne y el Loire en Francia o el Rhin en Alemania. En aquellos años, se tornaba muy dificultoso transportar las mercancías y el hecho de estar cercano a un río se hacía fundamental.